Desde los tiempos de la Roma clásica existen escritos en los que se hace referencia a la figura del administrador, aquella persona en la que, mediante mandato recogido en un documento, se delegaban funciones, labores de gestión y la responsabilidad de las mismas
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ANTONIO RUIZ ORTEGA
Han pasado los siglos y la esencia sigue siendo la misma, pues aquellas comunidades de propietarios que quieren tener todas sus obligaciones normativas técnicas, legales al día –así como descargar la responsabilidad en un profesional–, eligen un administrador de fincas colegiado.
Cada vez son más las pequeñas comunidades (5 a 10 propietarios) -que hasta ahora se venían gestionando ellas mismas de forma autónoma- las que actualmente solicitan los servicios de un administrador colegiado. Lo que pensaban que iba a ser un coste adicional descubren que es un abanico de servicios y comodidades que hasta ahora no se habían planteado.
Y sobre todo la figura del presidente pasa a tener realmente las funciones del cargo exclusivamente, y no la suma de presidente-administrador, teniendo que estar pendiente de las averías y los pormenores del edificio, siendo en ocasiones su casa el punto de recepción de incidencias a cualquier hora del día, por no hablar de los posibles incumplimientos normativos al tener que compatibilizar su vida privada con la continua actualización legislativa.
Otro aspecto que descubren es el ahorro en diversos capítulos de coste del edificio, ya que el administrador, fruto de su experiencia y del volumen de edificios gestionados puede en muchas ocasiones conseguir mejores precios que un presidente a título particular.
Aunque las tareas del día a día de un administrador pasan por lo más variopinto que podamos imaginar, las principales pasan por elaborar la contabilidad, el control presupuestario, la redacción de actas, el cumplimiento de las numerosas normativas que son de aplicación, (entre las que destacan las relativas a piscinas, ascensores, contraincendios, instalaciones eléctricas, instalaciones de agua potable, protección de datos, relaciones con la administración, impuestos, licencias de obra, gestión de incidencias y averías, entre otras), el control de la morosidad, cobro de cuotas, envío de remesas , etc.
Todo ello sin olvidar la imprescindible mediación entre los vecinos de la comunidad en todos aquellos asuntos y situaciones que sean necesarios con el fin de evitar enemistades entre los comuneros. Y es que, ¿A quién no le han aparcado un coche fuera de las líneas de su plaza dificultando la maniobra de aparcamiento al resto de vecinos? ¿O quién no conoce a algún vecino que utiliza los espacios comunes para dejar objetos personales impidiendo el libre paso por la escalera de evacuación en caso de una emergencia?
Para todo esto y mucho más están los administradores de fincas colegiados, personas con una amplia cualificación, siempre en continuo reciclaje y con una gran vocación de servicio a sus administrados, velando porque nuestros hogares, nuestros edificios y nuestras ciudades sean cada día más confortables, sostenibles y respetuosas con el medioambiente.
Además, en breve con el 5G, el internet de las cosas, se abre una nueva etapa fascinante con multitud de posibilidades de aplicación a los edificios para facilitarnos el día a día, en este campo también tu administrador será pieza clave para la implantación de las nuevas tecnologías.
Para terminar y volviendo al principio, rescato esta frase del latín: «Non progredi est regredi» o lo que es lo mismo, no ir hacia adelante es ir hacia atrás.